Si tu gato tiene una herida en la nariz, la cara o una pata que no termina de cerrar, que forma costra y se vuelve a abrir, conviene revisarla. Puede ser esporotricosis: una infección producida por un hongo que se transmite entre gatos y que también puede pasar a las personas.

Es una enfermedad que en Argentina está bajo vigilancia epidemiológica y cuya notificación pasó a ser obligatoria. No es momento de alarmarse, pero sí de prestar atención a las heridas que no cicatrizan.

Qué es la esporotricosis

Es una micosis: una infección causada por hongos del género Sporothrix. Clásicamente entraba al cuerpo por un pinchazo con material vegetal contaminado, y por eso se la conocía como “la enfermedad de los jardineros”.

Pero hay una especie que cambió esa historia: Sporothrix brasiliensis, una de las más virulentas del género. Esta variante tiene un ciclo urbano en el que el gato doméstico es el principal reservorio y el principal responsable de la transmisión. No necesita el suelo: pasa de gato a gato, y de gato a persona.

Cuál es la situación real en Argentina

Conviene poner los números, porque circula mucha información exagerada.

Según la circular epidemiológica del Ministerio de Salud de la Nación de julio de 2026, entre 2019 y mediados de 2026 se notificaron 52 casos humanos en todo el país, de los cuales 31 fueron confirmados o probables. En lo que va de 2026 hubo 11 casos: seis en la provincia de Buenos Aires y cinco en Misiones.

En animales, la vigilancia se incorporó recién en 2024. Entre 2025 y mediados de 2026 se notificaron 18 casos en gatos de provincia de Buenos Aires y CABA, de los cuales cinco están confirmados. Los casos bonaerenses se vinculan a un brote en un barrio del AMBA, donde también hubo personas afectadas. En CABA, los dos gatos confirmados eran convivientes del mismo domicilio, sin casos humanos asociados.

O sea: no estamos ante una epidemia en la Ciudad. Sí ante una enfermedad emergente, con transmisión zoonótica demostrada en el conurbano y presencia confirmada en CABA. La propia circular señala que la cifra real es probablemente mayor, porque muchos casos no se diagnostican por falta de sospecha clínica.

Cómo se ve en el gato

Al principio puede haber un solo nódulo o una úlcera en el punto de entrada. Después, lo más frecuente es la forma cutánea ulcerativa multifocal: varios nódulos, úlceras y lesiones con costra.

Dónde aparecen, sobre todo:

  • La cabeza, en especial el plano nasal, el hocico y alrededor de los ojos
  • Las orejas
  • Las patas, en su porción más distal
  • La cola

Es frecuente que se comprometa la mucosa nasal, con estornudos, secreción, deformación del plano nasal y ganglios agrandados en la zona. También puede haber lesiones en la boca, conjuntivitis y otros signos respiratorios. En casos avanzados o sin tratamiento, la infección puede progresar a formas sistémicas, con compromiso pulmonar u óseo.

Un dato importante: hay gatos infectados sin lesiones visibles. Se ha detectado el hongo en la cavidad nasal de animales aparentemente sanos. Si en tu casa hay varios gatos y uno tiene lesiones, los otros deben evaluarse aunque se vean bien.

Cuánto tarda en aparecer

En el gato, las lesiones suelen desarrollarse entre 14 y 21 días después de la infección, aunque el rango descrito va de 13 a 90 días.

En las personas, lo más frecuente es que aparezcan entre 14 y 28 días después de un arañazo, una mordedura o el contacto con secreciones de un gato infectado, con un rango que puede llegar a los 70 días.

Son estimaciones orientativas: dependen de la carga del inóculo, la vía de entrada y la respuesta inmunitaria de cada uno.

Cómo se transmite a las personas

Por mordedura, por arañazo, y también por contacto con las secreciones de las lesiones. La circular suma una vía que suele pasarse por alto: los estornudos de un gato infectado, porque el hongo puede estar en la mucosa nasal.

En las personas, la forma más común —alrededor del 70% de los casos— es la linfocutánea. Empieza con una pápula o un nódulo pequeño e indoloro que crece despacio, después se necrosa y a veces se ulcera. Suele comprometer la cadena de ganglios que drena la zona, formando nódulos que siguen el trayecto del miembro.

Las formas pulmonar, meníngea y diseminada existen pero son raras, y se dan sobre todo en personas con el sistema inmune comprometido.

Si sospechás que tu gato puede tenerla

Consultá al veterinario antes de manipular la lesión. El diagnóstico se hace con estudios sobre el material de la herida. En los gatos el examen directo es especialmente útil porque la carga de hongo en las lesiones es alta, y se confirma por cultivo. No se diagnostica a ojo ni por foto.

No apliques nada sobre la lesión antes de la consulta. Ni alcohol, ni yodo, ni cremas antifúngicas. Cualquiera de esas cosas reduce la sensibilidad del cultivo y puede hacer que el resultado dé negativo aunque el gato esté infectado.

Usá guantes descartables —o al menos una bolsa plástica limpia y sin roturas— cada vez que tengas que tocarlo. Cubrite los antebrazos con ropa de manga larga y tela gruesa para reducir el riesgo de arañazos. Lavate manos y brazos con agua y jabón después de cualquier contacto.

Aislalo del resto de los gatos durante el diagnóstico y el tratamiento.

No lo dejes salir. Un gato con lesiones activas contagia a otros gatos del barrio y a las personas que lo tocan.

Si vos tenés una lesión en la piel que no cierra y convivís con un gato enfermo, consultá y contale a tu médico que estuviste expuesto. Ese dato es decisivo: sin él, una esporotricosis humana se confunde con otras cosas y se trata con antibióticos que no sirven durante meses.

El tratamiento

El antifúngico de elección es el itraconazol. En casos con lesiones diseminadas, compromiso respiratorio, recaídas o falta de respuesta, se combina con yoduro de potasio: esa combinación logra tasas de curación de entre el 66% y el 98%.

Es largo. El tiempo medio hasta la curación clínica es de unas once semanas, y puede extenderse de cuatro a seis meses. Y hay una regla que no se negocia: el tratamiento debe continuar al menos un mes después de que las lesiones desaparecieron por completo. Cuando se corta antes, la enfermedad reaparece, y con frecuencia lo hace con signos respiratorios.

Un punto que conviene que sepas para conversarlo con tu veterinario: los corticoides y cualquier inmunosupresor están contraindicados durante y después del tratamiento, porque hacen que la enfermedad empeore o vuelva. Es relevante porque un gato con lesiones de piel muchas veces recibe corticoides antes de que se sospeche esta enfermedad.

La dosis y la duración las define el veterinario. No es un tratamiento que se pueda copiar de otro gato ni ajustar por cuenta propia.

Lo que no hay que hacer

No medicar por cuenta propia. Los antibióticos no sirven contra un hongo, y los antifúngicos mal usados generan resistencia y arruinan el diagnóstico.

No abandonar al gato ni pensar en eutanasia por miedo. La esporotricosis tiene cura. En los brotes de Brasil el pánico llevó a abandonar animales enfermos, y eso amplificó la transmisión en lugar de contenerla. De hecho, tratar a los gatos infectados es una de las principales medidas de control de esta enfermedad.

No cortar el tratamiento cuando la lesión mejora. Es el error más frecuente y el que produce las recaídas.

Higiene y desinfección en casa

  • Lavá los utensilios, juguetes y objetos del gato con agua y jabón, y desinfectalos a diario con hipoclorito de sodio.
  • Para superficies, jaulas y transportadoras: hipoclorito de sodio al 1% durante al menos 10 minutos, y después alcohol al 70% con papel descartable. El secado al sol también ayuda.
  • Reservá el comedero, el bebedero y la transportadora exclusivamente para el gato enfermo.
  • Usá transportadoras de plástico y no de madera o cartón, porque se limpian de verdad.
  • Lavá la ropa con detergente y agua caliente, y secala al sol.
  • Evitá tocar al gato y después tocarte los ojos u otras mucosas.

Cómo prevenirla

  • Castración. Reduce las peleas y las salidas, que es donde ocurre el contagio.
  • Evitar que el gato acceda a la calle y al peridomicilio.
  • No sobrepoblar. Cuantos más gatos conviven, más fácil circula.
  • Revisar la piel con regularidad: nariz, orejas, cara, patas y cola. Cualquier herida que no cierre en pocos días merece una consulta.
  • Precaución con gatos ajenos, sobre todo callejeros con lesiones visibles. Si colaborás con colonias o rescates, usá guantes y manga larga.
  • Controles veterinarios periódicos.

Una enfermedad de notificación obligatoria

Desde 2026, tanto la esporotricosis humana como la animal son de notificación obligatoria al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud para los casos probables y confirmados.

Para vos, como tutor, esto significa dos cosas. Que si tu gato es diagnosticado, el caso se registra: no es un trámite en tu contra, es lo que permite detectar brotes a tiempo. Y que la aparición de casos en gatos funciona como señal temprana de riesgo para las personas del barrio, así que consultar rápido protege a más gente que la de tu casa.

Consulta a domicilio

En una sospecha de esporotricosis, atender al gato en su casa tiene una ventaja concreta: se evita trasladar a un animal con lesiones activas y no se lo lleva a una sala de espera compartida con otros gatos. Además, el estrés del traslado hace que el gato se sacuda, algo que favorece la dispersión del hongo.

Atiendo perros y gatos a domicilio en Palermo, Recoleta y barrios cercanos de CABA, con orientación en medicina felina. Si tu gato tiene una lesión en la piel que no cierra, escribime y lo vemos.


Dr. Diego Rébola — Médico Veterinario, M.N. 8969. Especialista en Medicina Felina.

Fuente de los datos epidemiológicos y de las recomendaciones: Circular epidemiológica de Esporotricosis, Dirección de Epidemiología, Ministerio de Salud de la Nación, julio de 2026.

Esta nota es informativa y no reemplaza la consulta veterinaria ni médica. Si tenés una lesión en la piel que no cicatriza y convivís con gatos, consultá a un servicio de salud y mencioná esa exposición.

Veterinario a domicilio junto a un gato siamés durante una consulta en su casa

Categorías: Enfermedades

Diego Rébola

Médico Veterinario, M.N. 8969. Especialista en Medicina Felina. Atiendo perros y gatos a domicilio en Palermo, Recoleta y barrios cercanos de CABA desde 2013.

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