Si tenés un perro o un gato de cierta edad, es probable que alguna vez te hayan recomendado un suplemento para las articulaciones. También es probable que nadie te haya explicado qué dice la evidencia sobre cada uno, porque la diferencia entre ellos es enorme y no se corresponde con lo que se vende.

Esta nota es eso: qué se probó, qué funcionó y qué no.

Pero antes hay algo más importante, sobre todo si tenés un gato.

Tu gato no cojea. Eso no significa que no le duela.

En perros la artrosis se nota: cojean, les cuesta levantarse, se quedan atrás en el paseo. En gatos casi nunca pasa eso, y por eso se diagnostica muchísimo menos de lo que ocurre.

Más del 90% de los gatos muestran signos radiográficos de enfermedad articular degenerativa a medida que envejecen. No todos tienen dolor, pero el número da una idea de cuán frecuente es. Y la mayoría de los tutores no lo sabe, porque el gato no se queja: se adapta.

Lo que hace en cambio es dejar de hacer cosas, de manera tan gradual que se lee como “está más viejito”:

  • Salta menos, o duda antes de saltar.
  • Elige lugares bajos en vez de los altos de siempre.
  • Duerme más, juega menos.
  • Se acicala menos, sobre todo en la zona lumbar y los cuartos traseros. El pelo de esa zona se ve apelmazado o descuidado.
  • Evita las escaleras.
  • Le cuesta entrar o salir de la bandeja, y a veces empieza a hacer fuera.
  • Se esconde más, o se molesta cuando lo alzan.

Ese último punto se cruza con algo que ya escribí en la nota sobre cistitis: un gato que empieza a hacer afuera de la bandeja puede estar enfermo y no portándose mal. A veces es dolor al orinar; otras veces es que le duele trepar el borde de la bandeja.

El cambio gradual es el signo. Si tu gato de diez años hace menos cosas que a los seis, eso no es “la edad”. Vale la pena revisarlo.

Los suplementos, uno por uno

Acá va lo que la evidencia muestra. Me baso sobre todo en una revisión sistemática con metaanálisis de 2022 que reunió 72 ensayos clínicos sobre 38 compuestos en perros y gatos, y en trabajos posteriores.

SuplementoQué dice la evidenciaVeredicto
Omega-3 (EPA y DHA)20 ensayos, en su mayoría de alta calidad, entre dietas enriquecidas y suplementos. Solo 2 de 20 no mostraron efecto. Hay además dos ensayos en gatos, ambos positivosFunciona. Es lo mejor documentado
Glucosamina + condroitina9 ensayos, de baja calidad metodológica. El 88,9% no mostró ningún efecto analgésicoNo hay evidencia que lo respalde
Cannabidiol (CBD)7 ensayos de buena calidad, con resultados mixtos y tamaño de efecto global nulo. Los más recientes y mejor controlados (2020, 2021 y 2025) dieron negativos. Ningún ensayo de eficacia en gatosPrometedor pero no demostrado
Colágeno no desnaturalizado (UC-II)11 ensayos, de baja calidad, con muestras chicas y seguimiento cortoEvidencia débil
Cúrcuma y curcuminoidesPocos ensayos, con resultados contradictoriosNo concluyente
Boswellia serrataInhibe la 5-lipooxigenasa, lo cual es plausible. Pero en perros hay un solo estudio, viejo, abierto y sin grupo placeboSin evidencia suficiente
Ácido hialurónico por bocaAparece en muchas combinaciones. No hay ensayos que muestren efecto analgésico por vía oralSin evidencia

Omega-3: el que sí

Es el único del grupo con evidencia sólida, y la diferencia con el resto no es sutil.

Funciona por una razón concreta, y vale entenderla porque explica todo lo demás. El EPA compite con el ácido araquidónico en las vías de la ciclooxigenasa y la lipooxigenasa, que son las mismas vías sobre las que actúan los antiinflamatorios. Al ocupar su lugar, los mediadores que se terminan produciendo son menos inflamatorios. Y en paralelo baja la actividad de las metaloproteinasas, que son las enzimas que degradan el cartílago.

Dicho de otro modo: el omega-3 no “nutre el cartílago”, interviene en la inflamación. Por eso lo que se mide en los estudios es dolor y movilidad, y no grosor de cartílago.

Dos cosas prácticas. La dosis que se usó en los estudios es bastante más alta que la que traen la mayoría de los suplementos de venta libre, así que la cantidad importa. No la subas por tu cuenta: se calcula según el peso y lo que el animal ya esté tomando. Y las dietas terapéuticas enriquecidas tienen evidencia tan buena como los suplementos, con la ventaja de que el animal lo come sin que haya que pelear.

Glucosamina y condroitina: la conclusión incómoda

Es lo más vendido y lo que más se recomienda. Y es el que peor sale parado.

De nueve ensayos, casi nueve de cada diez no encontraron ningún efecto sobre el dolor. Los autores de la revisión son explícitos: concluyen que estos productos no deberían seguir recomendándose para el manejo del dolor por artrosis en perros y gatos.

Vale una aclaración honesta: no es que estén demostrados como inútiles, sino que los estudios hechos no lograron mostrar beneficio, y varios de esos estudios eran de calidad metodológica baja. Pero con nueve ensayos y casi ninguno a favor, hoy la carga de la prueba está del otro lado.

¿Hacen daño? No, son seguros. El problema es otro: el dinero y, sobre todo, el tiempo. Un animal con dolor que pasa seis meses tomando un suplemento sin efecto es un animal que pasó seis meses con dolor.

Cannabidiol: ojo con el entusiasmo

Es lo que más creció y lo que más se promociona, pero la evidencia no acompaña ese entusiasmo.

Los ensayos están divididos. Varios de los más recientes y mejor controlados dieron negativos: uno de 2020 con CBD aislado, otro de 2021 con espectro completo, y uno de 2025 que no encontró diferencia frente a placebo a los 90 días. El tamaño de efecto global en el metaanálisis fue cero.

Hay además tres cosas que conviene saber:

En gatos no hay ningún ensayo de eficacia.. Los estudios realizados son, momentáneamente, únicamente en perros.

Se vieron cambios bioquímicos. En varios ensayos los perros tratados con CBD mostraron aumentos de fosfatasa alcalina. En el de 2025 la enzima subió por encima del rango en los dos grupos, incluido el placebo, así que no se puede atribuir solo al tratamiento. No hubo signos clínicos de enfermedad hepática, pero tampoco hay seguimientos largos que digan qué pasa después.

Los productos no están estandarizados. Entre un aceite de espectro completo y un CBD aislado hay diferencias grandes de composición, lo que vuelve difícil comparar estudios y, en la práctica, saber qué estás dando.

No digo que no sirva. Digo que todavía no está demostrado, y que no es el primer lugar donde yo pondría el esfuerzo.

Colágeno UC-II, boswellia y el resto de la lista

Son los que aparecen en las combinaciones, y conviene saber qué se sabe de cada uno.

El colágeno no desnaturalizado (UC-II) no es lo mismo que el colágeno hidrolizado, aunque en la góndola estén uno al lado del otro. El hidrolizado se digiere como cualquier proteína. El no desnaturalizado conserva su estructura tridimensional y actúa por otra vía: llega entero al tejido linfoide del intestino y modula ahí la respuesta inmune contra el propio colágeno de la articulación. El mecanismo es elegante y es real. El problema es que los once ensayos que hay son chicos, de calidad baja y con seguimiento corto. La explicación es mejor que la evidencia.

La boswellia inhibe la 5-lipooxigenasa, que es una vía inflamatoria distinta de la que bloquean los antiinflamatorios comunes. Farmacológicamente tiene todo el sentido. En perros hay un solo estudio, viejo, abierto y sin grupo placebo. No alcanza para recomendarlo.

El ácido hialurónico por boca aparece en muchas combinaciones. Inyectado dentro de la articulación es otra discusión, pero por vía oral no hay ensayos que muestren efecto sobre el dolor.

Lo que más rinde no viene en frasco

Si tuviera que elegir una sola intervención, sería esta: bajar el peso.

Hay un estudio que lo midió bien. Perros obesos con artrosis documentada radiográficamente, sometidos a un plan de reducción de peso. El resultado: a partir de una pérdida del 6,1% del peso corporal ya hubo mejoría significativa de la cojera, y el 82% de los perros mejoró en la evaluación clínica. Algunos mejoraron a las dos semanas.

Seis por ciento. En un perro de 30 kilos son menos de dos kilos.

Y es gratis. Mejor dicho, es al revés: ahorra plata, porque se come menos.

El motivo es doble. Menos peso significa menos carga mecánica sobre articulaciones que ya están dañadas. Pero además el tejido adiposo es metabólicamente activo y produce mediadores inflamatorios, así que un animal obeso está en un estado inflamatorio de bajo grado permanente. Bajar de peso actúa sobre las dos cosas.

Si tu perro o tu gato tiene artrosis y sobrepeso, el plan de descenso no es un consejo general de salud. Es parte del tratamiento del dolor, y es la parte más eficaz.

Una advertencia para gatos: el descenso tiene que ser lento y supervisado. Un gato con sobrepeso que deja de comer o baja de golpe puede desarrollar lipidosis hepática, que es grave. Nunca le cortes la comida de un día para el otro: el plan se arma con un ritmo de pérdida semanal controlado y pesajes periódicos.

El ambiente, que en gatos importa mucho

Esto rinde más de lo que parece y no cuesta nada:

  • Rampas o escalones hacia los lugares a los que el gato solía saltar. La cama, el sillón, el lugar alto de la ventana.
  • Bandeja de bordes bajos, o con una entrada recortada. Trepar un borde alto con artrosis duele, y es una de las razones por las que un gato empieza a hacer afuera.
  • Lugares de descanso tibios y blandos, lejos de corrientes de aire.
  • Comida y agua accesibles, sin que haya que saltar ni agacharse demasiado.
  • Uñas cortas: un gato con dolor rasca menos, las uñas no se desgastan y crecen de más, y eso le cambia la pisada.
  • Cepillado de la zona lumbar y los cuartos traseros, que es justo donde ya no llega.

Y lo médico, que es donde está lo nuevo

Los suplementos no son el tratamiento del dolor. Son, en el mejor de los casos, un complemento. El tratamiento es otra cosa y conviene decirlo.

Antiinflamatorios no esteroides. Siguen siendo el pilar del manejo del dolor, también en gatos. Hubo un cambio importante acá: durante años se evitaba usarlos de forma prolongada en gatos por miedo, y las guías de consenso de 2024 establecen que sí se pueden usar a largo plazo, con selección cuidadosa del paciente y monitoreo. Incluso en gatos con enfermedad renal crónica estable en estadios tempranos se puede evaluar su uso con precaución; lo que sí es contraindicación es la enfermedad renal avanzada o inestable.

Y una advertencia que puede salvarle la vida a tu gato: los antiinflamatorios de uso humano son muy tóxicos para los gatos. Nunca le des ibuprofeno, diclofenac, aspirina ni paracetamol a un gato. El paracetamol en particular es mortal. Si tu gato tiene dolor, el analgésico lo indica un veterinario.

Anticuerpos monoclonales anti-NGF. Es la novedad más importante de los últimos años, y en gatos cambia bastante el panorama. Son anticuerpos que bloquean el factor de crecimiento nervioso, una molécula que se eleva en las articulaciones artrósicas y participa en la señalización del dolor. Se aplican por inyección subcutánea una vez al mes.

En el ensayo más grande, con 275 gatos, el 76% de los tratados respondió al tratamiento a los dos meses, frente al 65% de los que recibieron placebo. Los estudios piloto anteriores mostraron además el efecto con medidores de actividad, y no solo con cuestionarios a los tutores. Los efectos adversos reportados fueron en su mayoría dermatológicos y leves.

Para gatos esto resuelve un problema muy real: medicar a un gato por vía oral todos los días, durante meses, funciona mal en la práctica. Una inyección mensual cambia por completo la adherencia al tratamiento. Por ahora no se consigue en Argentina.

Entonces, ¿qué hago?

De más a menos evidencia. Lo que más rinde, bajar el peso, no es un suplemento.

Ordenado por lo que más rinde:

  1. Si hay sobrepeso, el plan de descenso es la prioridad. Es lo más eficaz y es gratis.
  2. Omega-3, en dosis adecuada, como dieta terapéutica o suplemento.
  3. Adaptar el ambiente, sobre todo en gatos.
  4. El tratamiento analgésico que corresponda, indicado y monitoreado.
  5. Y recién después, si querés, el resto.

Lo que no haría es gastar meses en un suplemento sin evidencia mientras el animal sigue con dolor.

En la consulta a domicilio

Para artrosis la visita en casa tiene una ventaja concreta: puedo ver cómo se mueve el animal en su propio terreno. Cómo sube al sillón, si usa las escaleras, a qué lugares ya no va. Eso en un consultorio es difícil de ver, y en un gato es la mitad del diagnóstico, porque en una sala de espera no va a hacer nada de lo que hace en su casa.

Además puedo mirar el ambiente y proponer los cambios concretos, y evaluar la condición corporal para armar el plan de peso si hace falta.

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Podés ver cómo trabajo con felinos en la página de medicina felina, y los valores de la consulta están en el post de precios.

Esta nota es informativa y no reemplaza la evaluación de tu animal. Cualquier medicación, suplemento o cambio de dieta tiene que estar indicado por un veterinario.

Fuentes

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  • Brioschi FA, Di Cesare F, Gioeni D, et al. Oral transmucosal cannabidiol oil formulation as part of a multimodal analgesic regimen: effects on pain relief and quality of life improvement in dogs affected by spontaneous osteoarthritis. Animals. 2020;10(9):1505. doi:10.3390/ani10091505
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Diego Rébola

Médico Veterinario, M.N. 8969. Especialista en Medicina Felina. Atiendo perros y gatos a domicilio en Palermo, Recoleta y barrios cercanos de CABA desde 2013.